miércoles, 13 de mayo de 2009

"Rescate de bancos o del sistema", o... "Botín de piratería"


"Botín de piratería”: fruto del abordaje y del saqueo consentido de las arcas públicas por parte del gran capital.


Las clases dominantes están haciendo todo lo que pueden para proyectar los efectos de la crisis sobre la mayoría de la población.

Las ganancias de los ricos que nadie las toque.




No basta con llamar la atención sobre la debacle financiera. Es verdad que algunos expertos afirman que el desplome de Wall Street ha sido comparable a lo que representó, en el ámbito geopolítico, la caída del muro de Berlín. Pero detrás de la crisis financiera se esboza una crisis de la economía real, ya que la actual deriva financiera misma va a asfixiar el desarrollo de la base productiva. Ante esta crisis en los “mercados” (eufemismo para designar a las grandes corporaciones multinacionales) las instituciones públicas están inyectando enormes sumas de dinero, de nuestros impuestos, para mantener su liquidez. Tales intervenciones monetarias agregan más volatilidad al sistema e incrementan la incertidumbre, profundizando aún más la crisis.

Porque en el futuro, tales emisiones de dinero, tratarán de ser respaldadas con una mayor transferencia de riqueza real desde los países empobrecidos, desde las clases trabajadoras y medias de los países del norte. Por eso más que hablar de “rescate de bancos o del sistema”, habría que calificarlo de "botín de piratería”: fruto del abordaje y del saqueo consentido de las arcas públicas por parte del gran capital. Esto sólo puede desembocar en una crisis de la economía real: regresión de los ingresos de los trabajadores y las trabajadoras (especialmente los sectores más vulnerables: mujeres, jóvenes, migrantes), aumento del paro laboral (a finales del 2009 se espera llegar al record histórico de 120 millones de personas paradas y en España ya tenemos más de cuatro millones), alza de la precariedad y empeoramiento de la pobreza en los países del Sur.



Esta crisis económica y financiera se acompaña, además, de una crisis ecológica. Los recursos naturales no son suficientes para atender el actual estilo occidental de vida; el 20% de la población mundial, concentrada en el Norte, consume el 80% de los recursos naturales. El flujo permanente y la transferencia de los recursos del Sur al Norte ha supuesto, en definitiva, que el Sur ha venido financiado el desarrollo del Norte.

El saqueo ecológico y el calentamiento global, consecuencias de la sobreexplotación de los recursos naturales, que son el bien común de la humanidad, afecta a todas las regiones del mundo y se siente más intensamente en las zonas más deprimidas y, dentro de ellas, en los sectores más empobrecidos. En tan solo trescientos años de revolución industrial hemos destruido lo que la naturaleza tardó millones de años en construir. Las mayores reservas de recursos naturales se encuentran en el Sur y son ferozmente disputadas por los países dominantes, lo que ha venido generando guerras que tienden a ampliarse a otras regiones del planeta.


Simultáneamente los precios de los productos alimenticios básicos siguen en alza. Desde marzo de 2007 hasta mayo de 2008, el valor de los productos lácteos subió un 80%, el de la soja un 87%, y el trigo, un 130%. El Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola estima que por cada aumento de un 1% del coste de los alimentos de base, 16 millones de personas se ven sumergidas en la inseguridad alimentaria. Esta situación se ve agravada debido a que una parte de la producción alimentaria (caña de azúcar, girasol, colza, trigo, remolacha) se está destinando ahora a la producción de agrocarburantes, más rentables para la gran agroindustria de la exportación que destinarlos a alimentos para los seres humanos.


Esta triple crisis, financiera, energética, alimentaria, se ve proyectada hacia una crisis social que ve resurgir políticas autoritarias, visiones fatalistas, xenofobia y racismo. El huracán económico se ha llevado por delante una cuarta parte de la riqueza mundial y, como consecuencia, está provocando, en casi todo el planeta, el cierre de fábricas, la explosión del desempleo, una escalada proteccionista y la radicalización de las protestas sociales. Causa de pobreza, de angustia y de exclusión, la lepra del desempleo se extiende. En EEUU, en China, en la Unión Europea, en Latinoamérica… Y no olvidemos que fueron los partidos socialdemócratas y socialistas europeos los que consolidaron la eliminación de cualquier salvaguardia que podía quedar frente a la ola ultraliberal de la derecha.


La brutal explosión del desempleo provoca naturalmente el retorno del nacionalismo económico, lo cual, a su vez, está provocando brotes de xenofobia. En Reino Unido, miles de obreros del sector de la energía, gritando la consigna "empleos británicos para trabajadores británicos", se declararon en huelga contra la contratación de trabajadores portugueses e italianos en Lincolnshire, mientras que miles de polacos eran "invitados" a regresar a su tierra natal. En Italia se está expulsando sin miramientos a los rumanos. Y en todas partes se cuestiona el derecho de residencia de los inmigrantes legalmente establecidos.

En numerosos países, grandes empresarios que reclaman a gritos ayudas millonarias, se aprovechan de la crisis para despedir a mansalva y reducir costes. Una actitud que, en el actual contexto de crecimiento descontrolado del desempleo, enfurece. Por eso se multiplican las protestas sociales. Las turbulencias ya han causado la caída de los Gobiernos de Bélgica, Islandia y Letonia. La protesta en las calles por las dificultades económicas se ha extendido a un número creciente de países –Grecia, Rusia, Gran Bretaña, Francia, China, Corea del Sur, Guadalupe, Reunión, Madagascar, México– y probablemente en muchos más que no se notan aún en la prensa mundial.

Las clases dominantes están haciendo todo lo que pueden para proyectar los efectos de la crisis sobre la mayoría de la población.
Las ganancias de los ricos que nadie las toque